Neoliberalismo

Precusores

Friedrich von Hayek, el padre del neoliberalismo

El economista austriaco Friedrich von Hayek se ha empeñado en desacreditar a toda costa la regulación económica alegando que es demasiado compleja para pretender organizarla. Su teoría del «Estado mínimo» se ha convertido en la religión del Partido Republicano de los Estados Unidos en oposición tanto al «New Deal» de los demócratas como al marxismo de los soviéticos. Su escuela, financiada por las fundaciones de las grandes transnacionales, se ha estructurado alrededor de la Sociedad del Monte Peregrino, ha obtenido siete veces el premio Nobel de Economía y ha inspirado a los gobiernos de Pinochet, Reagan y Thatcher.

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La teoría política neoliberal

Hayek, dando continuidad a la tradición liberal iniciada por Adam Smith, defiende una concepción mínima del Estado. Su especial aporte corresponde a la crítica radical de la idea de «justicia social», noción que disimula, según él, la protección de los intereses corporativos de la clase media.
Preconiza la eliminación de las intervenciones sociales y económicas públicas.

El Estado mínimo es un medio para escapar al poder de la clase media que controla el proceso democrático a fin de obtener la redistribución de las riquezas mediante el fisco.
Su programa es expuesto en La constitution de la liberté [La Constitución de la Libertad] (1960): desreglamentar, privatizar, disminuir los programas contra el desempleo, eliminar las subvenciones a la vivienda y el control de los alquileres, reducir los gastos de la seguridad social y finalmente limitar el poder sindical. El Estado no puede asegurar la redistribución, sobre todo en función de un criterio de «justicia social».

Su papel se reduce a brindar un marco jurídico que garantice las reglas elementales del intercambio. En 1976 llega a proponer la desnacionalización de la moneda, es decir, la privatización de los bancos centrales nacionales para someter la creación monetaria a los mecanismos del mercado. Otras de sus posiciones parecen matizar el radicalismo de su liberalismo; preconiza, por ejemplo, la creación de un ingreso mínimo, pero esta propuesta debe verse como una rehabilitación de la ley inglesa de los indigentes y no como la marca de un «socialismo hayekiano» [1].

La teoría desarrollada por Hayek está basada en una creencia compartida por todos los liberales, desde los clásicos hasta los partidarios de las tesis austriacas. La metáfora de la «mano invisible», que asegura en el pensamiento de Adam Smith la adecuación de la oferta y la demanda en los diferentes mercados, ilustra perfectamente este presupuesto común que tratan todos de demostrar a partir de diferentes postulados: equilibrio general de Walras, desarrollado por Pareto; orden espontáneo del mercado o catalaxia para la escuela austriaca, lo que es el resultado de acciones no concertadas y no el fruto de un proyecto consciente. No se quiere, no se planifica el orden del mercado, es espontáneo.

Esta concepción de la economía sirve de justificación a la crítica del intervencionismo generador de desequilibrios y perturbaciones en la catalaxia. Hayek considera que los keynesianos hacen del Estado un «dictador económico».

La filosofía política de Hayek está finalmente muy próxima de las tesis desarrolladas por Locke. El Estado defiende el derecho natural de propiedad y está limitado por las cláusulas individualistas de un hipotético contrato fundador. El derecho se convierte entonces en el instrumento de protección del orden espontáneo del mercado. Lo que importa pues, principalmente, es la defensa del liberalismo económico. El liberalismo político es absorbido. Las ideas democráticas son relegadas a un plano secundario, lo que ha llevado a Hayek a declaraciones con visos de provocación. Según él, la democracia no constituye un sistema político infalible: «es esencialmente un medio, un procedimiento utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual» [2].

Más vale un régimen no democrático que garantice el orden espontáneo del mercado que una democracia planificadora. Es el razonamiento que justificará la presencia de los «Chicago boys» en Chile. El pensamiento de Hayek es una mezcla de conservadurismo (crítica a la democracia inspirada en la denuncia de la Revolución Francesa de Edmund Burke) y de liberalismo (Adam Smith). Alerta contra la democracia ilimitada que conduce irremediablemente al reino de la democracia totalitaria [3].

En realidad Hayek está obsesionado por las clases medias que controlan los regímenes democráticos: «Hay una gran parte de verdad en la fórmula según la cual el fascismo y el nacional-socialismo serían una especie de socialismo de la clase media» [4]. Por otra parte, teme a los pobres cuyas reacciones son imprevisibles. Reclama un ingreso mínimo «aunque sólo sea en interés de los que pretenden permanecer protegidos de las reacciones de desesperación de los necesitados» [5]. Aunque haya rechazado la idea de justicia social, Hayek desarrolla una concepción especial de la justicia, liberal, pero a la vez conservadora, incluso si se defiende en un artículo titulado: Pourquoi je ne suis pas conservateur? [Por qué no soy un conservador?].

Las ideas radicales de Hayek, sus ataques contra el intervencionismo económico no pueden ser comprendidos sin una vuelta al contexto histórico de la posguerra: la elaboración de una nueva versión del liberalismo corresponde a una crítica total del keynesianismo triunfante. Hayek, inspirado en el pensamiento económico de Mises, rechaza tanto el colectivismo preconizado por el marxismo de Estado como la intervención económica en las sociedades capitalistas. Retomando las ideas de Mises critica la posibilidad de planificar la economía cuya complejidad se opone a todo cálculo racional.

Sus posiciones contra la «tercera vía democrática y social» simbolizada por el New Deal rooseveltiano y el laborismo inglés explican la marginación de los ultraliberales a principios de los años 50, especialmente en el seno de la más poderosa de las organizaciones de intelectuales anticomunistas, el Congreso para la Libertad de la Cultura.

Definición de Neoliberalismo

El neoliberalismo es un modelo económico que se enmarca dentro de las doctrinas del liberalismo económico, a su vez dentro del sistema capitalista.

Quienes defienden al neoliberalismo, llamados neoliberales, muestran su claro apoyo a la liberalización en materia de economía, lo cual implica que los mercados sean totalmente abiertos, fomentando de este modo el libre comercio, a partir de una desregulación de los mercados.

Además, el neoliberalismo tiene otra característica fundamental que es la privatización, por la idea de que la administración privada es más eficiente y adecuada que la administración pública. Por eso, de este modo se “achica” la intervención del Estado tanto en lo que hace referencia a la regulación del mercado como así también al gasto e inversión pública en materia de caminos y rutas, educación, salud, etc.

El neoliberalismo surgió en 1930, como una manera de superar la crisis de la Bolsa de Nueva York en 1929, que puso en jaque al mercado de valores. Además, en su conjunto de teorías e ideologías, el neoliberalismo impulsa el fortalecimiento de las economías nacionales, pero a partir de una división del trabajo pensado a gran escala, para de ese modo poder ingresar en un proceso de globalización, lo cual se denominó división internacional del trabajo, donde cada país fortalecía e impulsaba su economía en un sector específico: en el caso de los países de América Latina, la agricultura, la ganadería y otras actividades primarias fueron los principales motores de inserción en esa división internacional, mientras que los países europeos y Estados Unidos empujaron su capacidad industrial y desarrollo tecnológico.

Como un “revivir” de esa división internacional del trabajo, durante los años ’90 se relató el Consenso de Washington, que se trataba de un listado que incluía políticas económicas aconsejadas para América Latina con el objetivo de empujar su crecimiento. Este listado fue elaborado por diferentes organismos financieros a escala internacional en la ciudad de Washington DC y se transformó en el programa aplicado por varios países de América Latina, como Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile.

Algunas medidas tomadas por los gobiernos, de acuerdo a ese programa general que era el Consenso de Washington fue privatizar la recaudación de aportes a la seguridad social, el achicamiento del gasto público en salud y educación, que llevó a la creación de escuelas privadas y de servicios de medicina paga, la no inversión en el sector del transporte público, la casi nula presencia de programas sociales a sectores sociales vulnerables, etc.

 

LATINOAMERICA Y EL NEOLIBERALISMO

Por completo latinoamerica, ha sido para todos aquellos que han perseverado en estas doctrinas como un caldo de cultivo para sus practicas, han encontrado un sinumero de oportunidades donde puedan ejercer el dominio del mercado sobre cualquier cosa, aun cuando los resultados han sido catastroficos para la sociedad, claro ejemplo de estos fueron la socieda chilena y mexicana actual.

 

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Las grandes desventajas que este modelo trae aparejadas, porque hace depender el futuro de la economía mundial de un reducido número de inversionistas que buscan optimizar beneficios en detrimento de pueblos enteros y que favorece la especulación financiera, la concentración del ingreso, la pobreza y el endeudamiento. Lo más preocupante de ello es que en los mercados emergentes ni siquiera se puede hablar de un libre mercado, ya que, en realidad, éste está controlado por las grandes transnacionales y por los grandes centros financieros.

El neoliberalismo y el capitalismo global, tal y como están concebidos en la actualidad, son incapaces de controlar las crisis financieras. Ello, básicamente, por la fragilidad que este modelo económico otorga al sistema financiero internacional ante la ausencia de mecanismos permanentes que permitan proteger a las economías nacionales de los embates y las turbulencias financieras, derivadas del estado de ánimo de los inversionistas o del pesimismo u optimismo en los mercados.

Así pues, los esquemas de libre comercio y libre movimiento de capitales, propios del esquema neoliberal y de los que los países en desarrollo se han vuelto superdependientes, enfrentan hoy en día una grave crisis. El modelo neoliberal que, para muchos, representó la mejor forma de impulsar el desarrollo de los países y el bienestar de su población se ha transformado en dependencia, antidemocracia, desigualdad y concentración.

Ante este escenario, algunas economías emergentes y organizaciones no gubernamentales han proclamado su intención de imponer controles a los flujos de capital internacionales a corto plazo. Algunos de ellos, que han ido más allá, incluso han introducido algunas reglas mínimas internas para frenar los efectos de este sistema económico arbitrario. Sin embargo, la factura de dichas reformas les será cobrada tarde o temprano por el sistema, si éstas no se fundan en un acuerdo internacional que evite que unos ganen todavía más y otros sigan perdiendo.

La crisis del neoliberalismo es un problema mundial que requiere para su transformación del acuerdo de las grandes potencias, de las economías emergentes y de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Sin embargo, las señales en este sentido son hasta ahora poco alentadoras. Las grandes potencias tienen muy poca disposición para propiciar este cambio. Estados Unidos que actuaba como la única y hegemónica potencia en la materia, está al borde del abismo, aunque sigue manipulando el sistema económico mundial a su beneficio, drenando del centro a la periferia y polarizando del norte al sur.

Los países en desarrollo somos en todo ello los más afectados. Y las opciones que tenemos ante nosotros para revertir esta tendencia y conservar nuestras reservas de divisas son muy malas. Los controles de cambio propician la pérdida de futuras inversiones. El alivio de la deuda mediante nuevos préstamos no parece ser una opción ante la falta de interés de los banqueros. Y la conversión del capital a corto plazo por capital a largo plazo constituye una opción poco atractiva.

El neoliberalismo sufre un golpe frontal. La teoría parecía buena: el libre comercio y el movimiento de capital enriquecerían a todas las naciones y a todos los individuos. Sin embargo, ello no sucede así. La causa: la existencia de un sistema económico manipulado por un grupo de notables de Wall Street, que al traficar con papel fomentan la desmedida especulación de unos pocos y desestabilizan economías.